domingo, 31 de agosto de 2008

Por Qué

por qué los líderes de todo el mundo se han reunido y amado durante días mientras simultáneamente fuera de la idílica atmósfera olímpica están ordenando ataques los unos contra los otros?

qué ha sido de los gobernantes apasionados que iban a la guerra con sus hombres y nos los abandonaban, que luchaban a muerte con el contrario, incluso en un 1 contra 1, para salvar sus intereses?

por qué el mundo ha apoyado y se ha emocionado con semejante muentra de hipocresía?

por qué los soldados obedecen órdenes que les mandan matar civiles y expropiar casas y terrenos a familias honradas y pobres?

por qué el mundo permite que un país atente contra otro únicamente porque éste empieza a prosperar, y por tanto, a competir por los recursos naturales?

por qué se invierte más en armamento que en educación?

por qué se invierte más en armamento que en medicinas y alimentos para los que lo necesitan?

por qué nosotros, conociendo que si se emplease en acabar con el hambre y la miseria en el tercer mundo el dinero que se usa en burocracia en todo el mundo no habría niños muriéndose, no hacemos nada?

por qué nos han convencido de que tenemos que tener un coche potente, un abrigo de armani, un móvil de última generación, una casa mayor... por qué nos hemos dejado alienar de esa manera, si podríamos salvar a personas, a seres humanos como nosotros, de una muerte segura?

por qué dejamos que nos cobren por el agua?

por qué no podemos confiar en que las donaciones que hacemos para apadrinar a un niño lleguen a su destino?

por qué los países desarrollados no evitan que déspotas como los que hay en la mayoría de los países africanos destinen para sus mansiones el dinero que debería destinarse a misiones humanitarias?

por qué nos interesa más la vida de cuatro pelagatos que no han hecho nada más que cambiar de novio, como cualquier españolito de a pie?

por qué hay gente que compra un abono para el madrid habiendo niños que juegan descalzos con balones que más bien parecen trapos con cuerdas?

por qué hay gente que piensa que "necesita desconectar de la realidad" y prefieren poner en la televisión una película americana que las noticias?

por qué dejamos que las farmacéuticas experimenten con poblaciones enteras que no pueden luchar contra ellos?

por qué nos creemos todo lo que nos dicen en los medios para justificar con mentiras deliberadas todo este caos en el que estamos sumidos?

cuándo perdimos la noción de la realidad???



de lo que oigas, cree la mitad, y esa mitad, contrástala



y lo peor, es que de las pocas personas que lean esto, el 90% lo olvidarán, sin darle ningún tipo de
importancia al sinsentido de nuestro sistema

jueves, 1 de mayo de 2008

El mejor amigo

- Nunca hablas de él, ¿por qué nunca hablas de él?

- Tampoco hay nada que decir.

- Ni miras sus fotos…

- Ya las tengo muy vistas.

- Y últimamente tampoco contestas a mis preguntas… ¿Por qué nunca hablas de él?, ¿por qué ya nunca hablas conmigo?

- Déjame

- Lo ves… ya no sientes lo mismo por mí…

- ¿Y qué debería de sentir?

- ¡Pues amor, claro! El amor mueve la vida, mira a ver si no estás muerta…

- Quizá lo esté. Qué más te daría.

- Si tú te mueres, sabes que yo me muero contigo. Aunque sólo sea por pena. No me mates, ámame.

- Siempre rogando amor, debería darte vergüenza.

- ¿Esa es la sensación que tienes?, ¿Qué mendigo amor?... ¿por eso nunca hablas con él?... ¿por eso no me hablas a mí?... ¿me guardas rencor por tratar que me amara?

- Antes solía preguntarme dónde estaba tu amor propio, pero hace tiempo que no le doy vueltas. Déjame. No quiero hablar contigo, me traes malos recuerdos.

- Y sin embargo tengo muchas más cosas buenas que recordarte que malas…

- Eso es lo que tú crees, a mí sólo me viene angustia a la mente… y no es agradable. Yo estaba perfectamente bien ignorándote, mi vida seguía.

- Tu vida no sigue si aún eres capaz de odiarme. Cuando me ignores… entonces ya veremos.

- ¿A dónde quieres llegar?, ¿qué quieres de mí?, ¿por qué me atormentas? Ya ha pasado mucho tiempo… Vete, ¡vete!, déjame…

- Quiero hacerte entender quién eres, hacerte ver que no estás bien, ayudarte a sanar, y acompañarte en los momentos felices igual que en los tristes. Sabes que soy parte de ti igual que tú lo eres de mí, hemos crecido juntas.

- Hace tiempo que no te reconozco, ni a mí misma…

- No llores, juntas saldremos de esa, no llores. Ya verás como todo irá bien. Ahora háblame del daño que te hizo, desahoga la rabia que llevas dentro, y deja que yo la digiera, mucho tiempo la has llevado sobre tus hombros. Luego duerme, y cuando hayas reposado, hablaremos sobre cómo tirar pa’lante.

- Eso era lo que estaba haciendo…

- La vida hay que cogerla por los cuernos, no evitarla. Tú estabas a un lado del río, de espaldas, tratando que la subida del cauce no te llegara, en standby… pero de espaldas uno se aburre, y el agua llega tarde o temprano. Tenemos mucho que vivir, mucho que ver… sólo tienes que volver a pulsar Play, y sonreir…



Se miró en el espejo y se sonrió. Al fin se unió su pasado a su presente. A veces no hay mejor amigo que uno mismo.

Los Mandriles

...llega un momento en la vida de todo mandril en la que se plantea las preguntas fundamentales de la vida y la existencia "quién soy", "de dónde vengo", "a dónde voy"...
El problema reside en la necesidad de contestar dichas preguntas, y la ausencia de respuestas, a lo que el madril puede reaccionar de diferentes maneras:
a/ suicidándose, práctica poco conocida (y algo mal vista) pero existente en dicha especie
b/ dándose a las drogas y las mandrilas
c/ metiéndose en una espiral de preguntas que hagan que el madril muera de inanición por su ansia de conocimiento
d/ que sufra una involución y se convierta enlo que todo mono debe ser, un macaco de pro, con sus "uaa" y sus atracones de piojos.
La última es la más popular, cuando un mandril se plantea las preguntas filosóficas, lo más corriente es que al cabo de un tiempo decida (inconscientemente) que su vida no tiene más sentido como ser pensante, y se dé a sus impulsos más animalmente naturales.
Pero... ¿y si el sentido dela vida fuese precisamente que no tiene sentido?, ¿puede ser el conocimiento el último arma de la selección natural para seleccionar a los individuos?, ¿tal vez es una estratagema del dios mandril para castigar a aquellos que osen entenderlo?... Creo que nunca podremos responder a estas cuestiones.
Queridos mandriles, la solución, evidentemente, sólo es una. Nunca os planteéis las preguntas básicas a las que la evolución nos avoca. En la ignorancia se vive más feliz.
FDO: una mandrila que se decidió por la respuesta B... pero cambió de idea

martes, 1 de abril de 2008

Un mal día

un día me preguntaron qué sentía al estar viva, y yo respondí una lista de cosas que experimentaba en ese momento, sin darme cuenta de que en realidad estaba muerta. No todos los corazones que laten están nutriendo una vida. Muchos de los que caminan apenas han nacido.
Si al nacer, vemos la luz.
Si al caminar, ponemos el mundo a nuestro alcance. Si al hablar, ya somos capaces de desarrollarnos como personas.... entonces es al descubrir cuán pequeños somos en este universo y plantearnos la Vida cuando realmente apreciamos todos esos dones. Alguien que guarda un recuerdo en una caja y no lo vuelve a mirar, no lo tiene.

Comienzo ahora a nacer, y lo sé. Tantas y tantas cosas por aprender, tantísimas personas por conocer y millones de lugares y experiencias que disfrutar. Tantas lágrimas que secarme. Tanta Vida, así, con mayúsculas.

Y todo comienza en el caos del porqué. Abres los ojos y te planteas tu identidad y la de los que te rodean. Y has de romper los esquemas que hasta ese momento eran válidos para construir los tuyos propios (vaya alguien o no haciéndote las preguntas que han de guiar tus conclusiones) Y es terrible ver que tu mundo se desmorona. Pero el ser humano es maravilloso, y saca fuerza de donde ya sólo había cansancio, tiene fe, y logra decidir dónde poner la primera piedra.
Hoy mi piedra angular soy yo misma, y no he de dejar que se me olvide. Soy la que da sentido a mi propia vida, y soy la protagonista del cuento que yo misma escribo. Mi mundo. Que cuando se fusiona con un segundo, da como resultado una explosión de color. Y muchísimas más dudas de las que ya cargaba. Y como las dudas son el comienzo de una reconstrucción, entonces he de dar gracias a dios sabe qué dios por haberte traido a mi mundo y hacerlo crecer.
Y es por eso, porque me crezco ante la adversidad, que digo: un mal día lo tiene cualquiera. Las personas que merecen la pena son las que logran cambiar su suerte.

domingo, 2 de marzo de 2008

Muerte por defecto

Cansada, estaba ya cansada de pedir permiso, de rogar compañía, de emocionarse por recuerdos vacíos. Estaba sentada encima de esa mesa de madera carcomida, en medio del mirador de algún lugar perdido, tan perdido quizá como ella. Delante, la inmensidad escoltada por montañas, vigilada por un cielo tan azul como sus ojos… qué ojos. No. Basta. Basta de mentiras, basta de auto-compadecerse, basta de justificarle. Se puso de pie en la mesa de merendero, miró al vacío. “Y el vacío la miró a ella”
Sintió que tenía alas, pudo notar cómo crecían y acariciaban su piel en, le dieron poder y agallas. Volvió a mirar al vacío, esta vez desafiándolo. “Ni tú, ni nadie, ni yo misma, nunca” Nunca más volvería a vender su alma por amor. El amor no se compraba. No diría de nuevo las palabras que el resto querían oír, sino las que pasaban por su mente. Una
mujer libre.

Y saltó al vacío. Y voló. Y la fuerza y el poder de sus alas, suyas propias, le dieron fe en sí misma. El viento peinándole, refrescando la palma de sus manos. Su ropa arriba y abajo en una línea horizontal con el horizonte. Libertad. La libertad que del conocimiento, la libertad que da la confianza. Ni él. Ni ella. Ni nadie. Nunca. El miedo se esfumó. Volaba sin haber movido un músculo.
Ya no estaba allí. Había muerto de plenitud, de alegría, de libertad. Ni a la misma muerte temía.

La silla. El tropiezo

Se levantaba de la silla, caminaba hacia los ventanales, y se volvía a sentar. Un mecánico gesto de impaciencia, excepto porque no estaba impaciente, sólo perdida. Perdida en un pasillo de hospital. Completamente vacía, su carcasa pasaba los días allí sin tener ya a nadie a quien esperar, desde hacía casi un mes. Las enfermeras iban y venían, al principio la miraban curiosa, después una psicóloga trató de convencerla para que cambiase su rutina, y la última semana se habían resignado a tenerla allí, como a las revistas viejas y las telarañas que nadie alcanza. Parte del mobiliario, y la saludaban con un pequeño movimiento de cabeza o una sonrisa amarga. De haber sido completamente consciente de su comportamiento, se habría dado cuenta de que las incomodaba, el simple hecho de que no tuviera razón alguna para estar allí les resultaba tan violento como ver a un pobre en un barrio residencial de lujo: socialmente desubicada. Se entretenía pensando por qué se sentaba allí cada tarde, después del trabajo. Quizá necesitaba ver a los demás sufrir. Quizá era una condena por haberle dejado morir solo, una especie de alma en pena. Puede que estar allí le diera esperanzas. O que le sintiese cercano. Aunque era más simple que todo eso, sin él no sabía dónde ir, así que permanecía en el último sitio en el que le vio, sentada hablando con un médico, antes de irse a trabajar un martes como cualquier otro de los últimos dos años. No había podido ver ni a su familia, si es que la tenía.




Todo comenzó con un tropiezo en las escaleras, romántico para unos, pero cotidiano para ella. No destacaba, ni por exceso, ni por defecto. Una funcionaria más, con una vida ordenada y sin más aliciente que los días de vacaciones que aprovechaba para escaparse sola, lejos de todo, a algún sitio increíble, donde escribía páginas y páginas que acababan en una carpeta tan oscura como su pelo. Ese día se tropezó con el dobladillo de sus pantalones de lino blancos de verano, y cayó tal como mandan los cánones, escaleras abajo. ¿Resultado? Un pie muy, muy dolorido. Salió un poco antes de la oficina y cogió el autobús para ir a urgencias.
“Tiene mala pinta, señorita” un médico muy gracioso. Radiografía, escayola, y a casa.
- Disculpe, ¿dónde está el baño? – preguntó a la salida.
- El de esta planta está estropeado, tendrá que subir a la de arriba, y seguir un pasillo largo hacia la izquierda, allí está indicado.
Evidentemente, se perdió. Con una muleta en una mano, y el bolso, el maletín y las escaleras en la otra, en un pasillo que parecía una carretera en medio del desierto. Al fin vio a un hombre con pijama de ingresado, no sabía si estaba bien preguntarle, pero no había nadie más desde hacía 10 minutos, y la necesidad hace que se tomen más rápido las decisiones. Así pues, se acercó con cuidado.
- Hola, quizá podría ayudarme… me he perdido.
- Pues ya somos dos, entonces. – contestó sonriendo. Cuando giró la cara se dio cuenta de que era ciego. – Dos ojos ven más que ninguno, vamos a ver si podemos hacer algo. No me mires así (sí, sé cómo me estás mirando), yo aporto al equipo un gran sentido del humor.
No pudo más que reírse y cruzar las piernas más aún.
Entre los dos encontraron la habitación de la que se había escapado, aunque de lo último se enteraría más tarde. Y, gracias a dios, tenía baño propio. Una vez todo hubo vuelto a su orden más o menos natural, se despidió para irse a casa.
- Que pases una buena noche, querida. Mañana te veo, a la misma hora.

Sonrió, sin darle mayor importancia. A la salida casi se tropieza con una silla. “Menudo sitio más raro para poner esto” pensó algo enfadada, más por su torpeza que por la manera de amueblar el hospital.
Llegó a casa, se preparó la cena, y leyó un rato, igual que cada noche. No volvió a acordarse del hombre hasta el día siguiente, cuando salió de la oficina.

sábado, 1 de marzo de 2008

IX.


“Gabriel, me voy a la peluquería y luego daré una vuelta, ¿quieres que te traiga algo o que vaya a algún sitio?” dijo desde la puerta esperando una negativa. Había que cuidar cada detalle. Algo parecido a un No rebotó contra el mármol, y le bastó. Cogió el bolso negro de charol de Chanel que le había regalado por su cumpleaños y metió el móvil, las llaves y el monedero. Su primer bolso carísimo… y pensaba que con eso iba a lograr algo. Por supuesto ella sabía que se notaba el cambio de la relación, que iba muriendo poco a poco, pero había que mantener las formas, como decía su madre “no des un paso hasta tener seguro el siguiente” Y Gabi la quería, no era tan tan malo después de todo fingir que ella también sentía lo mismo, él la protegía. A menudo le llamaba su ángel de la guarda, predecible pero halagador.
Las puertas del ascensor se abrieron con el chasquido monótono de siempre. Y caminó hasta la entrada, amordazando los tacones con la alfombra roja. El taxi la esperaba a la puerta, tal como debía ser. Sin mirar hacia arriba, entró en él.
- ¿Cómo lo haces para estar cada día más bella?
No era más guapo que Gabriel, ni más divertido, ni más rico. Quizá más poderoso. Pero lo que a ella le enamoraba era su hombría y su seguridad. “No nos engañemos, linda, esto es Nueva York, tú traicionas, ¿quién no te dice que este hombre sea tan buen actor como tú?” Una vez le besaba, cada pedazo de culpabilidad o desconfianza sencillamente se esfumaba.

Llegaron al hotel, uno no muy caro y alejado para no tener problemas, registrados con un nombre falso. En el recibidor comenzaron a quitarse la ropa, con la necesidad que dan los días, con la dulzura que dan los años, con la precisión que de la experiencia.
- Se lo dirás mañana, ¿verdad?- dijo mientras besaba sus caderas sobre mesa.
- Ya lo hablaremos luego- no había acabado de decirlo y ya se arrepentía.
John se separó.
- ¿Hasta cuándo pretendes jugar conmigo?
- No empieces, ya sabes lo que siento…
- También lo que siento yo, aunque eso parezca no importarte. Y sabes que va a haber elecciones en menos de un año, y a menos que le dejes ahora, que se destape a menos de 6 meses de las urnas me puede hacer mucho daño. Tienes que elegir, Frida.
- ¿Entre la seguridad y la incertidumbre?
Incertidumbre en esa frase significaba traición y desconfianza. El tono de voz lo dejó claro.
- Si te casa conmigo no habrá ninguna de las dos cosas
¡Matrimonio! Eso sí que no lo esperaba. Se le escapó sin dar tiempo a pensarlo, a los dos.
- Te quiero tanto, ¡claro que sí!

Él dormía, común denominador de la fisiología de los hombres. Se sentó al borde de la cama pensando cómo dejaría a la persona que mejor la había tratado nunca. Quizá era mejor no hacerlo, coger las maletas y marcharse diciendo sólo adiós. O ser fría “me he enamorado de otro, lo siento” No quería decir su nombre, aunque acabaría sabiéndolo de todos modos. Lo más decente, o más bien políticamente correcto, era decirle que su relación ya no tenía sentido desde hacía mucho, y que pensaba en otro en vez de en él. Quizá algo cruel. O una carta… las cartas de leen a solas y el dolor se atraganta menos. No quería lágrimas. No quería voces. No quería súplicas. Podría dejarle sin decirle nada de John, y fingir que se enamoró luego. Le heriría menos, y daba menos pereza así. Era una mentira piadosa.



El vaso de whisky se partió en mil pedazos contra la pared, como riéndose de él en una metáfora estúpida. En el periódico, la foto de Frida del brazo del candidato Jackson. Uno al que no votaría, desde luego.
“Estaba superado” se decía. Pero la imagen se le había clavado en el estómago, junto con el alcohol. Una palangana, voy a vomitar. Literalmente.
Ira… era ira lo que se acumulaba en su interior, y sabía a bilis. Ahora al menos sí. Y en un momento de lucidez, ató cabos de rodillas en el suelo del baño, de la manera más tonta posible. La decepción sustituyó a la ira, y las lágrimas a la bilis. Cornudo. Vomitó una vez más. Engañado y se entera el último, seguro. Se tumbó y se quedó dormido. Cornudo. Mentirosa. Traidora.